El último día de vacaciones

30 Ago

claudia-beatriz-carlos_webHoy fue el último día de estas vacaciones, bueno, al menos de lo que en Cuba todos llamamos vacaciones aunque muchos tengamos que trabajar: los meses de julio y agosto, cuando las escuelas recesan y los estudiantes van a sus casas… y más allá.

En mi periódico, por ejemplo, el lunes se sentirá una tranquilidad extraña pues aquí las vacaciones suelen alterar lo que los teóricos han dado en llamar rutinas productivas agregándoles elementos extra mediáticos conocidos como fiñes, chamacos, niños… en fin. Miren, esta foto es de mis peques con Carlos, el hijo de mi colega Gilberto –y la locación es mi oficina aunque parezca cualquier otro sitio–, pero pudo ser con Yudith, la hermanita de mi flacucha María, una de las periodistas más “nuevas” de la redacción, o con Cari, la segunda niña de nuestra editora web Baby, y hasta con su primito David, quien también anduvo de excursión aunque ninguno de sus papás trabaja aquí (ustedes ni imaginan el jueves que nos dieron ayer).

Pero ese no es un fenómeno exclusivo de mi Adelante, ni de este 2013. Por aquí anduvieron en sus años de alumnos de vacaciones, me cuentan, desde esa misma Baby que ahora trae a sus nenas y mi amiga Yane, la diseñadora jefa de Redacción, hasta los terribles (me cuentan, que conste) “equipos” de Diosdada y Conchita Treto, y Orielito, Yaremis, Julio César y Karina, Luisi y Rachel… y así, generación tras generación todos los hijos, y a veces sobrinos, y nietos, de quienes han hecho este periódico durante casi 55 años.

Y así ha sido también en muchísimas oficinas, y fábricas, y centros comerciales, y hospitales, porque ante los dos meses de descanso de los muchachos, los padres pueden disfrutar quince de sus treinta días de asueto anuales, o quizás un poquito más, pero el resto del tiempo tienen que recurrir a traerlos al trabajo, sobre todo si no abundan los abuelos o los tíos jubilados o que laboren en casa.

Siempre he creído que esa es otra de las tantas razones por las que los cubanos somos tan familiares, tan “introducidos”, tan los unos de los otros y para los otros, y por qué tenemos tantos “tíos” cuya sangre no llevamos por ninguna de las ramas de nuestros árboles genealógicos. ¿Se imaginan cómo podría yo hacer periodismo, y reuniones, sin las tías y los tíos y las Luisas, las Mayías, las Carmen y los Ales de mis hijas?

Yo misma llamo aún tía a mi Anita de Vertientes, y en el hospital de ese municipio “disfruté” muchas de mis vacaciones, esperé unos cuantos años nuevos y allí mi hermana Dailín paralizó el drenaje de un abceso para que le suturaran la barbilla, rota al desmayarse por andar husmeando en la citada operación.

Sean entonces estas líneas, agradecimiento a quienes ayudan a que las madres y los padres trabajadores cubanos podamos cumplir nuestras jornadas laborales. De seguro, mientras muchos niños y adolescentes se lamenten este lunes por el fin de las vacaciones, el disfrute, las películas a toda hora, la playa; mientras celebremos, como cada septiembre, el inicio de un nuevo curso en el que más de 150 000 camagüeyanos tendrán pupitre seguro y gratuito, aquí en el periódico Adelante, Labrada, Luisa María, Juan Carlos respirarán aliviados: “¡Al fin se acabaron las vacaciones!”.

3 comentarios para “El último día de vacaciones”

  1. lamariposacubana 2 septiembre, 2013 a 8:28 AM #

    En algún momento, uno de esos Grandes periodistas que admiro y quiero, me dijo que una redacción no es callada jamás… así que ya extraño a la Betty y a la Clau, ahora estrenando uniforme, y seguro Labrada también, por lo mucho de niño que hay en él…. un beso mamita.

    • daicarsaladrigas 5 septiembre, 2013 a 1:57 PM #

      A mí tampoco me gustan las redacciones calladas, mi mariposita, no sabes cómo extraño los meses de prácticas de ustedes, que volvían locos a algunos de mis colegas… y por supuesto, ya casi ni me acostumbro a trabajar sin el ambiente “claubeatriz” en mis espacios… besitos y gracias por alegrarme los días de madre.

  2. nubedealivio 11 febrero, 2014 a 1:51 PM #

    Ah pues yo no, yo no me pongo ni un chincito happy cuando se van… si es que a mí los mocos me ponen de un alegreeee!!!! bueno, tú sabes!!! jajajajajajaja
    Estas redacciones se sienten muy vacías sin nuestras peques, y eso que los más jóvenes nos las ingeniamos muy bien para igual sacar del paso a Labrador and company con nuestras bullas y nuestros jueguitos de feisbu jajajajaja pero nunca es igual que cuando Betina y Clau aparecen por esa puerta para revolverlo todo.
    Y por cierto, genial la foto con la carita de “yonofui” del niño de Gilbert y la Betina sacándose su respectivo blúmer del fondi jajajajajajajajaja

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