Escuela de barrio

2 Sep

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Mi Claudia empezó hoy la escuela. El “inicio del curso” tendría para ella, quizás por vez primera, una significación diferente, una sensación real de comienzo, de estreno, de apertura, de primer paso, primera experiencia, primer día… Mas las cosas no sucedieron como tanto las habíamos planeado.
Primero, lo que ocurre muchas veces en nuestra casa de solo mamá-papá-nenés: mamá que apaga el despertador y se vira en busca de “un poquito más” y luego despierta fajada con el reloj y los minutos y el tiempo; papá que se levanta antes del café (¡antes del café!) y demuestra que fue para él aquella canción de los muñes “qué maravilla es este papá”, pero tropieza con pulóveres sin planchar, caras largas de mamá, Beatriz queriendo usar uniforme como Tata; y Tata intentando ser grande y portarse bien aunque no le guste lavarse los dientes, ni que la peinen, ni esos zapatos nuevos que sus papitos quieren que ella use.
Entonces, se me cae el cierre del arete de Clau, no encuentro las servilletas, se me quema el disco para la merienda (pan con queso, tostado, para que no parezca pan y queso y entonces ella quiera comérselo) ¿se imaginan cómo es para la mamá que se le queme el primer disco de la primera merienda del primer curso de la escuela?, y nos llevamos a Bety sin peinar, y dejamos el catre, y ya vamos tarde porque son casi las ocho.
Pero eso no es lo peor, lo peor es que la escuela de Claudia es una escuela de barrio. No es una de esas bellas y modernas que construimos en Cuba después de 1959 solo para ser escuelas y que reparamos y pintamos. Esta es una casa antigua, de antes de 1959, bueno, varias casas antiguas, que convertimos en escuela y que hace tiempo no se pinta como debiera, ni estuvo incluida en aquellos proyectos magníficos de la Batalla de Ideas en los 2000 cuando tantas otras reverdecieron.
Es una escuela de barrio y tiene patio de tierra, aulas estrechas, pocas luces, adornos artesanales y humildes, mesitas feítas… y un “acto” sin audio (que no es tan importante, ojalá encontrara para compartirles una crónica de Núñez Rodríguez que me devolvió mi dignidad de niña crecida en escuelas sin audio cuando todavía soñaba ser periodista) pero también sin orden (que sí era posible y sí hacía falta)… y con mucho sol, como en casi todas las mañanas de Cuba, y niños y papás ruidosos, como en casi todas las escuelas.
La de Clau es una escuela de barrio y por eso casi seguro que nunca harán allí un acto “central” de inicio de curso porque este no es de los planteles que sacamos en las fotos ni en las imágenes felices de inicio de curso.
Sin embargo, a pesar de la carita triste de mi Clau (que ha sido por supuesto mi gran pesar del día), acostumbrada como estaba ella a su círculo infantil del centro de la ciudad, que además de bueno por cuanto creció y aprendió allí era bonito; a pesar del cambio brusco y la incertidumbre, en la escuela de mi Clau empezó también el curso escolar y ese es ya un motivo de felicidad.
Mas tengo otros motivos: en esa escuela, que siempre ha sido de barrio, me dicen que hay todavía muy buenos maestros, hoy mismo reencontré a tres que ya enseñaban cuando tuve allí mismo mi primer día y algunas jóvenes con las que compartimos pupitre mi hermanita y yo y ahora son educadoras; y me cuentan que se siguen haciendo “lindas” actividades culturales como antes, ahora con el empuje de cuatro instructores de arte; y que el curso pasado varios niños demostraron en concursos municipales y provinciales que el talento puede cultivarse en cualquier sitio de este archipiélago.
En esa escuela, que siempre ha sido de barrio, Clau tiene una maestra y una “seño”, y plastilinas, temperas, crayolas, fichas, láminas, televisor, y tendrá libros y sueños… y quizás un día, ya de madre, regresará como yo de la mano de su pequeña… ojalá tenga entonces un comienzo mejor, ojalá le valgan de más los buenos recuerdos.

5 comentarios para “Escuela de barrio”

  1. Freddy Sifotnes 3 septiembre, 2013 a 12:06 PM #

    Tienes tremendo tira y encoje

    • nubedealivio 11 febrero, 2014 a 1:17 PM #

      Mira que tú eres buena, publicas a este pesao y ni le respondes. Él no entendió nada, como decíamos en la primaria y para estar a tono: “porecito”… jajajajajajajajajaja

  2. Jose Lopez 25 septiembre, 2013 a 3:07 PM #

    Un emotivo y súper descriptivo texto, en la forma que me place escribir. Abrazo

  3. nubedealivio 11 febrero, 2014 a 1:21 PM #

    Claro que esto me lo había leído antes, pero ni sé por qué ese día no me dio tiempo de comentarte. Ahora regresé con la historia de las barrigas y me voy poniendo al día en mis muchos pendientes con tu blog… ah! y me lo leí de nuevo, pa refrescar 🙂
    Lo de la escuela, y el audio, y al ancho por el largo del aula, y la ponina pal ventilador y los demás etcéteras, bueno, ya la vida nos ha demostrado que no es nada de lo importante. A mí me pareció muy hermoso que se decidieran por matricularla allí, donde estudiaste tú, como Sady y yo matriculamos a la Yuya en la misma ANEXA de nuestras nostalgias. Yo, en fin, creo que si de allí saliste tú, como nos has salido, no puede haber para ellas mejor escuela.
    Y un besi 🙂

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  1. Escuela de barrio | Blogalidad Camagüey - 25 septiembre, 2013

    […] Mi Claudia empezó hoy la escuela. El “inicio del curso” tendría para ella, quizás por vez primera, una significación diferente, una sensación real de comienzo, de estreno, de apertura, de primer paso, primera experiencia, primer día… Mas las cosas no sucedieron como tanto las habíamos planeado. Primero, lo que ocurre muchas veces en nuestra casa de solo mamá-papá-nenés: mamá que apaga el despertador y se vira en busca de “un poquito más” y luego despierta fajada con el reloj y los minutos y el tiempo; papá que se levanta antes del café (¡antes del café!) y demuestra que fue para él aquella canción de los muñes “qué maravilla es este papá”, pero tropieza con pulóveres sin planchar, caras largas de mamá, Beatriz queriendo usar uniforme como Tata; y Tata intentando ser grande y portarse bien aunque no le guste lavarse los dientes, ni que la peinen, ni esos zapatos nuevos que sus papitos quieren que ella use. Entonces, se me cae el cierre del arete de Clau, no encuentro las servilletas, se me quema el disco para la merienda (pan con queso, tostado, para que no parezca pan y queso y entonces ella quiera comérselo) ¿se imaginan cómo es para la mamá que se le queme el primer disco de la primera merienda del primer curso de la escuela?, y nos llevamos a Bety sin peinar, y dejamos el catre, y ya vamos tarde porque son casi las ocho. Ver + […]

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