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Mis camagüeyanas

11 Feb

Claudia y Beatriz tienen “barrigas de camagüeyanas”, una definición de su papá mientras estudiábamos en la Universidad luego de escudriñar las características físicas y de actuación de todas las especies femeninas del docente y de la beca: tuneras, holguineras, bayamesas, guantanameras…, para clasificarlas.

Según él, las barrigas de las camagüeyanas son inconfundibles. Como regla general no son lo que llamamos barrigoncitas, gordas o “malas”, pero tampoco “planchás”, sin gota de grasa como suelen vendernos a las modelos. Las barrigas de camagüeyanas tienen siempre su poquito de adiposidad, pero más bien como un colchoncito, como un pedacito de algo que protege o invita, según se mire, y siempre son blancas aunque la dueña sea trigueña, y siempre se salen de a poco de la ropa pelviana de “todos tenemos”.

Pero ahora que Clau y Bety tienen cinco y dos años, voy descubriendo a diario con goce que tienen de camagüeyanas mucho más que sus barrigas. Ellas son lindas, y satas, y buenas, y delicadas, y también orgullosas, de ese orgullo sano de saberte de bien o parte de algo bueno y alegrarte por ello y mostrarlo, y mostrarte, satisfecho y feliz, y son, en uno de sus rasgos más evidentes, mujeres de derecho y de pelea, cual Anas o Tulas. Sigue leyendo