Mis camagüeyanas

11 Feb

Claudia y Beatriz tienen “barrigas de camagüeyanas”, una definición de su papá mientras estudiábamos en la Universidad luego de escudriñar las características físicas y de actuación de todas las especies femeninas del docente y de la beca: tuneras, holguineras, bayamesas, guantanameras…, para clasificarlas.

Según él, las barrigas de las camagüeyanas son inconfundibles. Como regla general no son lo que llamamos barrigoncitas, gordas o “malas”, pero tampoco “planchás”, sin gota de grasa como suelen vendernos a las modelos. Las barrigas de camagüeyanas tienen siempre su poquito de adiposidad, pero más bien como un colchoncito, como un pedacito de algo que protege o invita, según se mire, y siempre son blancas aunque la dueña sea trigueña, y siempre se salen de a poco de la ropa pelviana de “todos tenemos”.

Pero ahora que Clau y Bety tienen cinco y dos años, voy descubriendo a diario con goce que tienen de camagüeyanas mucho más que sus barrigas. Ellas son lindas, y satas, y buenas, y delicadas, y también orgullosas, de ese orgullo sano de saberte de bien o parte de algo bueno y alegrarte por ello y mostrarlo, y mostrarte, satisfecho y feliz, y son, en uno de sus rasgos más evidentes, mujeres de derecho y de pelea, cual Anas o Tulas.

Y también, aunque aún no lo perciben, son amantes de Camagüey; hasta Clau, que en acto de justicia se llama tunera-camagüeyana, no admite que nadie le quite a su tierra de cuna el apelativo de “más bonita”.

Por eso en estos días de 500 –de los que empezamos a “salir” exhaustos y todavía asombrados—en estos días de avalancha de remembranzas y orgullos, de sucesión interminable de espectáculos y conciertos y conferencias y exposiciones y dedicatorias, he redescubierto con goce mi propio orgullo creciente de camagüeyana, y, sobre todo, mi satisfacción por nuestra acertada decisión de que ellas también lo fueran.

Porque durante la gala, que grandes voces de este país y sencillos vecinos de cualquier calle han coincidido en calificar de exquisito, de magnífico espectáculo, soñé que en la de los 510 o los 520 ellas podrían estar allí, en alguno de esos elencos de lujo que admiramos y exhibimos, lo mismo la segunda compañía de ballet clásico de esta Isla minúscula, que el Folclórico o la folclórica Camagua, que el Dessandann de raíces haitianas, o el experimental y contemporáneo Endedans, que con los rumberos de Rumbatá o con cualquiera de las muchas orquestas: la Sinfónica, la de Cámara, la de guitarras, o la “rara” de Anklung que tanto sorprendió con su Bonito Camagüey salido de instrumentos indonesios.

Porque podrán caminar por el único paseo temático dedicado al cine en Cuba y ver muchas películas lo mismo en 35 mm que en 3D y aprender. O recorrer República, posiblemente la más extensa calle peatonal del país, llena ahora de mercados y peluquerías y restaurantes, y también de galerías de arte y librerías.

Porque en la tierra de la primera universidad cubana después del triunfo de la Revolución, hay hoy seis de acreditado prestigio en las que podrán estudiar CUALQUIER carrera que quieran y ser, si quieren, excelentes profesionales y buenas personas.

Porque podrán presumir siempre de ser agramontinas y soñar con amores como el de Amalia e Ignacio, y exhibir gozosas y con dignidad su género femenino en la cuna de grandes ellas como Ana Betancourt y Tula Aguilera, La Avellaneda y Aurelia Castillo, como Domitila García, la primera periodista cubana; que no por gusto hombres imprescindibles de esta nación como Céspedes, Martí, Vicente y Mella amaron a Ana, a Carmen, a Brígida y a Olivín, todas coterráneas nuestras.

Porque cuando tengan edad para leerlos ya habrá más tomos del magnífico texto que un ángel me ha regalado, compilado por algunos de nuestros intelectuales encabezados por Luis Álvarez y titulado Luz perenne, una apretadísima síntesis de lo más significativo del acervo que nos hace y que explica en mucho los por qué de cómo somos hoy.

En estos días he redescubierto que mi Claudia y mi Beatriz son camagüeyanas, no lo dicen solo sus carnés de identidad, me lo dice Clau mientras camina por Maceo, “mamá, la calle bonita que parece una acera”; se lo dice Betty a su “seño” del círculo el día del regreso luego de una semana de catarro “yo fui a teato con mi mamá”; me lo dice el revendedor de mi Adelante cuando se le han agotado las ediciones especiales que hicimos por los 500. Porque Camagüey, señores, es la mejor tierra para nacer y vivir.

4 comentarios para “Mis camagüeyanas”

  1. leniacuba 11 febrero, 2014 a 11:05 AM #

    Dai que lindo, más que eso, que bueno. También vivo orgullosa de este Camaguey nuestro. Se que muchos desde afuera creen que es regionalismo o mero chovinismo, pero es más que eso, es la satisfacción de sentirse parte de un pedacito de tierra sin igual en este mundo… es así como tu bien lo escritbiste “Camagüey, señores, es la mejor tierra para nacer y vivir”, mucho más si aquí estan mis mejores amigos… mi familia.

  2. nubedealivio 11 febrero, 2014 a 12:27 PM #

    Me lo bebí… hacía demasiado que no escribías y sé que soy parte de los que no te damos ni un respiro, pero nada más que por esta dicha de leerte, deberías hacerlo más a menudo.
    Verdad que eres maga. Maga para hacer tiempo y espacio y orden y consenso para todo y para todos. Ese es tu gran don: abrir puertas, ordenar, hacer caber.
    Gracias por mi línea, que me puso con cara de “vello púbico” jajajajajajajajajajaja
    Y solo me quedó una duda horripilante… mi barriga (o la que no tengo) ¿¿¿¿¿¿¿de onde es??????!!!! Mira que yo soy también y muy orgullosamente de aquí 😦
    Y te quiero 😉

    • daicarsaladrigas 12 febrero, 2014 a 3:07 PM #

      Mijita: si te cogen algunos.. jornada laboral y media solo para mis comentarios… vaya, que casi me creo cosas, que una bloguera famosa como tú me comente, vaya, vaya. Yo también me quedo siempre con ganas de escribir más, vamos a ver si entre los pañales de Rafael Enrique con A hago un tiempito, aunque en realidad eso no justifica que no haga más a menudo una de las cosas que más me gustan, me he propuesto firmemente cambiar pero no lo digo para no quedar mal. Y tú tienes barriga de camagüeyana, míratela bien y verás. Gracias por el tiempo y por el querer.

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  1. Mis camagüeyanas | Blogalidad Camagüey - 21 febrero, 2014

    […] Según él, las barrigas de las camagüeyanas son inconfundibles. Como regla general no son lo que llamamos barrigoncitas, gordas o “malas”, pero tampoco “planchás”, sin gota de grasa como suelen vendernos a las modelos. Las barrigas de camagüeyanas tienen siempre su poquito de adiposidad, pero más bien como un colchoncito, como un pedacito de algo que protege o invita, según se mire, y siempre son blancas aunque la dueña sea trigueña, y siempre se salen de a poco de la ropa pelviana de “todos tenemos”. Ver + […]

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